El Paro al día de hoy

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Ya pasaron 2 semanas de la marcha y del paro que dejó una disminución del 40% de afluencia en el Transporte Colectivo, una ausencia aproximada del 70% en empresas privadas con un impacto nacional estimado de 30,000 millones de pesos.

Por un día faltamos a nuestras labores; hubo quién se quiso sumar siendo hombre, quien decidiera aprovechar para “terminar sus pendientes personales” sin entender en absoluto el objetivo de este día y a pesar de que se hicieran comentarios desagradables sobre el movimiento y las mujeres que participamos, yo considero que fue un éxito rotundo. No tenía idea de qué esperar y estos resultados me animaron mucho y me hicieron sentir acompañada. Somos muchas y estamos juntas en esto.

En mi post anterior sobre el 8 de marzo escribí mi experiencia en la marcha y me faltó mencionar una pequeña decepción que me hizo pensar por unos minutos que este #DíaSinNosotras sería un fracaso. Camino a casa de mis padres me encontré con una amiga que fue a la marcha con su mamá y 2 de sus 3 hermanas. Al preguntarle por la que faltaba me contestó que estaba cuidando de su hija porque además de ser muy pequeña para asistir “¿quién le haría el favor de cuidarla?” a lo que resistí en contestar: “Pues, tu esposo ¿no?” Decidí cerrar mi boca porque siempre he pensado que no soy nadie para juzgar a otros y ni sentí que era momento para preguntar porqué el papá no podía cuidar de la niña, así que cambié el tema e internamente pensé en cuántas mujeres podrían estar en una situación parecida. Un día en el que no estén en la calle, ni en sus trabajos o sus actividades, pero que sus familias y parejas las empujen a hacer tareas en la casa porque “sino ¿quién lo hace?” e incluso que pudiesen sufrir de violencia domestica.

Ya pasaron 2 semanas y yo siento que fue hace meses. Siento que ya se olvidó y que un nuevo reto vino a tomar lugar de todo lo que este país tiene que resolver. Estamos tomando distancia por el bien de todos y es justo darle la importancia debida al coronavirus. Lo que no puedo pasar por alto y me encabrona es que el presidente se ponga a besar niñas a la fuerza, que quiera “comérselas a besos” y que siga ignorando los feminicidios diarios que suceden en México. Así como todo lo que le incomoda hablar, le da la vuelta y sólo nos muestra una estúpida sonrisa como queriendo decir “me vale madres”.

A lo único que me aferro es a todas las mujeres que están actuando y a todos los hombres que están escuchando. Me aferro a que somos muchas y estamos juntas en esto.

My resources:

La Silla Rota 

El Economista

Animal Político

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